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Notas y Consejos

César Monasterio, un embajador de ley

Ejemplo de lucha y superación, "Okín" ve los frutos de su trabajo como profesional pasados los 50: brilló en Europa y ahora va por la conquista de Estados Unidos.

El semblantee de César Monasterio es el de un rascacielos. Su moral está tan alta que sólo puede compartir la emoción con Buzz Lightyear, el capitán del Comando Estelar cuyo conocimiento del “infinito y más allá” le dan el título de sabio. “Okín” está en Tucumán, descansando y entrenándose como nunca. Pasaron casi tres meses desde su última excursión por el mundo del golf de veteranos. “Okín” es una de las estrellas nacientes de Europa y joven promesa con pasaporte a ídolo del Champions Tour de Estados Unidos.

El “Embajador” por excelencia del golf tucumano vive ese cuento de hadas que soñó de chico pero que abrazó de grande. “Trabajé mucho para esto, cuatro años”, le confiesa con una gran media sonrisa de satisfacción a LG Deportiva. Y lo hizo sólo con media sonrisa porque todavía le falta. Monasterio es ambicioso, está sediento de victorias, aquellas que durante 12 años casi le fueron esquivas en el European Tour, la liga regular del Viejo Continente. 

Apenas una vez ganó. Fue en París, el Saint Omer Championship, de 2006. Después, todas de pálidas para abajo. Monasterio es de los golfistas que trabajaron toda la vida con el overol puesto, con el cuchillo entre los dientes. Mordió y mordió pero nunca mató a la presa; nunca pudo conquistar el Tour y jamás pudo decir que su vida estaba hecha.

Justo cuando la torta de cumpleaños ya se asemeja a un campo minado de velitas, César Omar encontró a su verdadero ser, al letal que no perdona. En 2014 conquistó Europa. Ganó un torneo (English Senior Open), salió segundo en otros dos (Scottish Open y French Riviera Masters); metió cinco top ten, entre otras delicias. En síntesis, de 12 presentaciones, no pasó el corte clasificatorio en dos. El resto, pura dinamita.

Si los birdies superan a los bogeys quiere decir que alguna moneda entra. No es millonario el hombre, aunque de a poco puede ir viendo el tema de su jubilación. “Depende de los birdies, je. Es hora de pensar en eso, aunque me queda mucho golf por delante”, confía el ejemplo viviente a seguir por varios golfistas coterráneos y del planeta. Su vida se traduce en esfuerzo. De sodero a pro; de pro a hombre fuerte del viejo circuito nacional; y de hacer todo acá pasó a pelearla en Europa. 

Agenda cubierta

Hoy por hoy su agenda está copada de compromisos. “No me puedo quejar”, acepta quien se dará el lujo de participar en los tres torneos más importantes del mundo: el PGA Championship, el Abierto Británico y el US Open. “Una vez un amigo me preguntó si me veía jugando un major. Le respondí que no, que me veía ganando uno pero que no sabía cuándo”, se ríe en el cierre de la frase porque entiende que sus chances de levantar uno de los trofeos que todo profesional añora no son descabelladas. Por lo pronto, la semana que viene encarará el primer desafío: el PGA Championship, en Indiana, Estados Unidos. “En mi primer grande, el año pasado en el Open británico no me fue bien en los números pero sí en experiencia; sé que ahora llego mucho mejor”, asegura Monasterio, cuyo objetivo para este 2015 es arrasar en la tierra del Tío Sam. Ganar en su primera presentación oficial en este lado del continente sería un bombazo.

Viejos son los trapos

En ese par de lustros de preparación Monasterio formó parte del PGA Tour Latinoamérica, el vergel de promesas que buscan ascender hasta el PGA Tour principal, un circuito complicado y con chicos a los que dobla en edad. “Me decían ‘Nono’, ‘Abuelo’, ja. Imaginate, había chicos que podían ser mis hijos. Lo que nunca se dieron cuenta ellos es que yo aprendí a nutrirme de su energía, de su vitalidad, y bueno, acá estoy”, agradece la buena onda de sus colegas, algunos que todavía no firmaron la mayoría de edad en el DNI. Llega el retruco. “Así y todo, el ‘Nono’ les ganó a varios, je, je, je”.

De mudanza en mudanza 

César se reconoce como un mueble viejo. “Estoy dos semanas en casa y no saben dónde ponerme. Es más, empiezan a preguntarme cuándo me voy”, acepta la realidad. Es real que desde hacía años no pasaba tanto tiempo en su casa junto a Marcela, su esposa, yAgostina y Ramiro, sus hijos. 

“No sé cuántos, pero seguro que a Marcela le tendría que hacer varios monumentos. Llevamos 22 años de casados y siete de novios y a veces me pregunto cómo hacemos, je”, busca una bocanada de aire entre la broma para después hablar con el corazón. “Es una mujer que hace de papá y mamá. En plena edad de los chicos, de jardín, de escuela y ahora de facultad yo estuve muy poco. Le estoy enormemente agradecido. Ella es un pilar tremendamente importante para mí”, dice, rindiéndole homenaje a su amor, así como también a Agostina, que en febrero lo acompañó a Estados Unidos.

“Quedó chocha. Es más, volvió y comenzó a hacer un curso acelerado de inglés. Igual, el estudio es la prioridad”, le avisa papá, vía esta entrevista, a “Agos”. “Está en segundo año de arquitectura”, infla el pecho.

Y si de orgullo se trata, Ramiro se lleva el resto de su padre. “Ramiro está bien, en la lucha. Tiene todo lo que necesita, por el tema de su enfermedad (distrofia muscular tipo Duchenne). Todavía no salió nada nuevo, hay mucha expectativa de la medicina pero nada concreto. Su enfermedad no tiene cura. Toma un corticoide que frena el síntoma, aunque tampoco se sabe cuánto. Ramiro hizo todo, estoy orgulloso de él. No hay nada en ningún lugar del mundo que sea distinto a lo que hizo. Por eso también le estoy muy agradecido a la gente del Hospital Avellaneda, que tiene un equipo de Duchenne espectacular”.

La decisión consensuada

El gran objetivo de “Okín” es lograr la membresía completa del Champions Tour americano. El año pasado se le escapó por poco. Igual, si le va bien en el PGA, puede que allane el camino y que su destino laboral ancle en América, como les gusta decir a los gringos. 

“Es la idea, instalarme acá. El Champions Tour es una cosa increíble”, dice el hombre del semblante de un rascacielos, y va más allá. El instalarse viene con combo, con la familia enterita. “Sí, de hecho está hablado el tema. La macana para ellos es que van a tener que soportar al ‘mueble’ todos los días, ja, ja, ja”.

Gentileza: Leo Noli / lnoli@lagaceta.com.ar


 

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