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El ritmo del juego

Si justo hoy está "apurado", por cualquier motivo, sea por una cita, un almuerzo, un paseo con sus niños ó lo que Uds. en definitiva haya prometido, mi consejo querido amigo, es que se olvide del Golf.

Esto ‘nos’ pasa a todos… cuando por lo general no somos concientes que el día no tiene más horas que las sabidas, que no podemos duplicarnos ni dejar de ir a ese ‘evento’ social que tanto nos complica… en fin, sabiendo además que cualquier ronda de Golf se llevará unas 4 horas, en el mejor de los casos.

Pero si de todas formas lo deseamos tanto, comuniquémosle este apuro al Starter para que, si puede, nos incorpore a una línea de jugadores ágiles, dado que podrían complicarse más nuestros tiempos si nos tocase en suerte, jugar arrastrando alguna fila de momias…

En esta disciplina, como en tantas cosas de la vida hay un tiempo justo y necesario que no se puede modificar.

Existen tantas variables que Ud. no podrá siquiera administrar, como por Ej.: el ritmo de sus propios compañeros de juego; la cantidad de jugadores que lo acompañen en su línea; los cientos de golfistas que justo hoy ocupa toda la cancha; la modalidad de juego que se eligió para ese día (Medal, Fourball, Salidas simultáneas, etc.); el tipo y geografía del lugar; el clima; las reglas locales que dispuso el club (‘Lie’ mejorado, por Ej.); la franja horaria que eligió para jugar; su propia precisión y en definitiva… hasta su propia suerte. Menos mal…

No se puede jugar observando el reloj (en realidad no se puede hacer nada con esa presión), ya lo sabemos todos los que pretendemos lograr un buen score. Pero ello no quiere decir que tengamos que exagerar ó imitar a los profesionales, que se toman tiempos infinitos (a mi gusto sobreactuando en muchos casos), cuando están participando en sus torneos.

Usemos el tiempo de una manera racional y sensata, porque no es nuestro. Si, es prestado…

Es un tiempo que estamos compartiendo con otros golfistas ese día y en el mismo campo.

En el mundo ‘amateur’ (el nuestro precisamente) ninguno está en condiciones de prometerle a su esposa ó compañera, que regresará a casa antes de las 4 ó 5 de la tarde… porque todo dependerá de cada mínima cosa que nos pase dentro y fuera del campo de Golf.

Si los planetas se alinean a su favor, digamos que en promedio no se irá antes de las 4 horas de haber llegado -con suerte- y sumando tiempos breves de vestuario, de práctica, de juego propiamente dicho, con un corto refrigerio y la correspondiente higienización. Por el extremo opuesto -si la suerte lo abandonó- permanecerá atornillado a las instalaciones por un período de 6 ó más horas. Y no se olvide de sumarle los tiempos de viaje…

Alguna que otra vez, por esas locas cosas del destino, nos tocará compartir el juego con un compañero lento, muy lento (y recemos para que sea sólo uno…)

Esos jugadores que siempre realizan seis, siete ó más swings de práctica; que justo antes de impactar la bola deciden cambiar su palo por un más largo ó corto; que caminan despacio como paseando por un shopping; que luego de golpear cada bola limpian meticulosamente sus palos y hacen una ceremonia para enfundarlos y acomodarlos prolijamente en la bolsa, y cuando -por fin- llegan al green… aprovechan para sacarle brillo a su descolorida esfera, luego se desplazan de un lado a otro observando todas las líneas y ángulos posibles, para congelarse por varios segundos, antes de golpear un Putt recto de 10 cm. Alucinante…

Entonces queridos colegas, toda nuestra línea (sea de dos, tres ó cuatro jugadores) se moverá a la velocidad del más lento, que le impondrá su parsimonioso y flemático estilo de juego a todos sus compañeros.

Tomémoslo con calma, respiremos profundo; recordemos siempre que nuestros objetivos eran distraernos, divertirnos y aflojar esos nervios que acumulamos durante la semana… no nos enojemos, porque eso envejece...

Después de todo tendremos pocas alternativas –diplomáticas digo- para intentar cambiar el destino. Este día será un largo día… y hacerle una bufanda con el hierro 3 al amigo lento, no es del todo aconsejable.

Digamos que una de las posibilidades más milagrosas, es que nos ayuden externamente.
Que se quejen, griten y nos maldigan los jugadores que vienen detrás (como acompañantes de un largo sepelio); ó por el contrario, que se acerque el carrito del asistente del Starter -recorriendo la cancha- y nos ‘sugiera’ a todos agilizar el juego.

Ahí, justo en ese punto, se abrirá una puerta para encarar personalmente el tema con el jugador lento, aunque deberemos ser prudentes con el decir y el hacer, porque terminaremos acumulando más estrés del que teníamos, si acaso recibimos alguna contestación ó gesto que no nos agrade tanto.

Sufrir la lentitud excesiva es fastidioso y tratar de insinuarle ó proponerle algún cambio en su estilo al jugador lento también lo pondrá en una situación violenta; primero porque no lo conoce ni sabe cómo reaccionará, por más que se lo diga con respeto y mucho cuidado; y segundo, porque lo último que desea en ese día es comprarse un altercado.

La falta de ritmo distrae, desconcentra a quienes están acostumbrados a resolverlo con otra agilidad, sepámoslo y hagamos doble esfuerzo por mantener nuestra propia concentración.

Si resulta que somos jugadores ágiles, sepamos que quienes están acostumbrados a jugar lentos y a tomarse más tiempo para decidir cada golpe, también se sentirán desconcentrados si los apuramos ó intentamos cambiarle su compás de juego (pero de este caso nos ocuparemos en otra nota futura… pegadita a esta).

Por eso vuelvo a repetir lo que le sugerí al principio: Si estamos apurados… ese día hagamos otra cosa menos jugar Golf. Y si aún insistimos, preparémonos mentalmente para jugar solamente 9 hoyos, no discutir y soportar lo que nos toque en suerte a nuestro lado…

No dejemos de cumplir con nuestra verdadera meta: Disfrutar tanto como podamos de cada minuto de ese precioso día.

Hasta la próxima.

Marcelo H. Barba

Gentileza Smart Golf

 


 

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