Golf Para Todos

Notas y Consejos

El ritmo del juego 2

En oportunidades anteriores abordamos el tema del tiempo de juego, de aquel que debería tomarse normalmente un jugador dentro del campo de Golf.

Inclinamos un poco la balanza hacia los jugadores más veloces y ahora, como debe ser, compensaremos el peso tratando de entender mejor a los más pausados en tomar sus decisiones y resolver sus acciones.

Comencemos por identificar un perfil humano, en el que su reloj natural y biológico corre un poco más despacio, con menor ansiedad, digamos.

Son golfistas que difícilmente lleguen tarde ó con el tiempo justo a una cita de juego. Al contrario, sus preparativos y estrategias comenzaron el día anterior ó durante la semana, adecuándose mentalmente a cada una de las acciones que se propusieron realizar el ‘Su’ día de Golf.

Saborearán cada minuto como si fuese el bocado más especial… y eso no está nada mal.

Llegarán con tiempo suficiente como para cambiarse su ropa y ponerse los zapatos lustrados; luego pasarán por el bar para disfrutar de un pacífico, sabroso y ceremonioso café, mientras estudian (hojeando el periódico) cómo se va desplegando la media mañana a través del ventanal que los separa del putting green…

Manteniendo ese ritmo, harán su acostumbrada visita a la tienda para ver si hay algo nuevo –aunque sólo sea un vuelo rasante- aprovecharán los minutos mientras resuelven el pago del green-fee. Saludarán amablemente a cada empleado que vean en su camino y consultarán por sus habituales compañeros de juego, si ya los vieron pasar por allí ó si saben por dónde se encuentran.

En raras ocasiones juegan solos. Lo harán con otros aliados que comparten la misma pasión y ritmo de vida para esos momentos tan especiales.

Obviamente, asistirán a la zona de práctica para aflojar sus huesos y tras veinte pelotas, se instalarán por otros minutos en el putting green para sintonizar su precisión… Así las cosas, considerarán que están listos para reunirse sobre el tee de salida y pegar su primer golpe. Sin apuros hombre.

En algunas ocasiones tuve la oportunidad de compartir con ellos una jornada y confieso que la pasé muy bien, aunque llegué a casa dos horas más tarde de lo previsto…

Aclaro que no me considero un jugador ‘veloz’, pero tampoco me veo a mi mismo enlistado en las filas de los que estoy describiendo ahora. Tal vez me encuentre en la zona media, observando lo que me rodea y disfrutando todo con algún grado de equilibrio.

Observo, disfruto y comparto situaciones con Uds. porque me entretiene mucho y espero poder transmitírselos con el mismo grado de interés en estas líneas.

Luego de analizar el tiempo que uno debería tomarse cuando juega Golf, entiendo un poco mejor los motivos y las razones por los que cada perfil de golfista, termina adoptando un estilo particular de juego. Todos ellos son aceptables y tolerables; sea el veloz ó el flemático; digamos que se puede convivir perfectamente sin conflictos y divertirse… créanme.

En términos generales, agrego que la edad es un parámetro adicional que identifica y distingue a los jugadores ‘veloces’ de los más tranquilos ó pausados en el juego. Sin ánimo de ofender a nadie (porque yo mismo me instalo cómodo en el segmento que superó los 50 años y se dirige a los 60) diría que nuestro propio físico y condiciones motrices, son las que delimitan más fuertemente la velocidad con la que normalmente desarrollamos nuestro juego. Aunque distingamos algo: Una cosa es trasladarse lentamente por el campo, y otra muy distinta es imponer lentitud con los 5 ó 7 swing de práctica y los 30 segundos de decisión que nos tomamos antes de pegarle a la bola.

En ese ‘segmento’ de madurez que señalé, uno se vuelve más conciente y sensible de las cosas que lo rodean, del mundo al que accede y gracias a Dios puede seguir disfrutando. Todo es visto como un hermoso regalo que nos da la vida y no queremos perdernos nada, ni dejar de participar en esta especie de ceremonia ó rito de encuentro entre amigos que, entre otras cosas, incluye al Golf. Porque a determinada edad, amigos… uno comienza a ver el horizonte, aunque borroso… pero ya lo podemos ver cada año que pasa un poquito más cerca…

Uno podría llegar a identificar a los golfistas más ‘tranquilos’ por sus gestos, mirándole a sus ojos, observando cómo cuidan sus elementos, cómo le pegan a la pelota y hasta en su forma de caminar… como disfrutando de cada pisada que se hunde en ese pasto tan suave y esponjoso…

Quizás sean un poco lentos, no lo negaré; pero no están jugando al Golf. Están gozando.

Atravesando por un proceso de “absorción” de sensaciones placenteras. Eso es disfrutar cada segundo de contacto y compañía con amigos; impregnarse de naturaleza; vivir una conexión con la tierra y sus elementos de una manera distinta, única… y fugaz.

La pregunta que muchos se harán en definitiva, es si juegan bien… Les diré como respuesta inmediata, que no les importa demasiado. Diría que ninguno se lo plantea en esos términos.

Creo que “la pasan muy bien”. Que disfrutan y aprovechan el tiempo de una manera distinta, porque ya saben que terminó la etapa de competencia, de proyectarse como grandes golfistas y ahora prevalecen otros objetivos, más nobles para sus criterios.

Al finalizar se saludarán de una manera franca, con un abrazo lento y fuerte, como si alguno guardase la duda de no poder cumplir su cita del próximo fin de semana… son más concientes de lo inexorable y efímero de la vida, que todo sucederá.

Quizá por ello sigan disfrutando del club, de esas largas duchas, del acostumbrado gin-tonic antes del hoyo 19 antes de partir, de otra larga charla con amigos y de otro gin-tonic, joder…

En fin, ustedes mismos sabrán identificarse en la franja de rapidez de juego que crean pertenecer; pero mi intención es dejar claro que no existe un tiempo estándar, reglamentario ú oficialmente establecido (dentro de los parámetros humanos y lógicos) para resolver un partido de 18 hoyos.

El Golf nos da todas las herramientas de etiqueta reglamentarias y necesarias para ceder el paso cuando sea necesario. Esto parece olvidarlo un gran porcentaje de los jugadores.

Lo que no podemos hacer, desde un plano de educación elemental, es enojarnos ó faltar el respeto a quienes –por distintas razones- no tienen el ritmo de juego que nosotros pretendemos.
 
Diría que con el paso del tiempo y la frecuencia de juego que nos toque ejercitar, iremos conociendo a otros perfiles similares al nuestro, formando grupos de afinidad y seleccionado de una manera natural a nuestros compañeros de línea.

Si nos tocase compartir nuestro juego con jugadores ‘lentos’, ó por el contrario, uno de esos jugadores ‘lentos’ ha quedado solo y termina por jugar en el grupo de los ‘ágiles’; tengamos el don de ubicación para ‘nivelar hacia el honor’, regulando si es el caso, nuestros nervios, ansiedades y velocidades para que ninguno se sienta asquerosamente mal…

Para tranquilidad de los ‘veloces’, sepan que los más lentos poseen la característica adicional de ser más sabios, más analíticos, ortodoxos y respetuosos, inclusive en las reglas de etiqueta. Con ello digo que ya conocen las cosas que deben y no deben hacer antes de provocar algún incidente… preferirán no jugar antes que causar una molestia.

Disfrutemos del Golf.

Hasta la próxima.

Marcelo H. Barba


 

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